La saga de los perros malos

Ahora resulta que Piden controlar la posesión de perros peligrosos en el DF.

Lo primero que habría que saber es quién lo pide; seguramente gente que no conoce de perros y no sabe que el peligro no está en el perro, sino en la gente. Esa gente que en la calle entra en pánico y cruzan la banqueta cuando ven venir a un perro de tamaño mediano o grande; esa gente que carga a sus perros falderos y se pone a gimotear al acercarse amigablemente un mastín, labrador o Weimaraner; Esa gente que no se da cuenta de que el gran danés está en la mejor disposición de jugar y la agresión viene del chihuahueño que aterrorizado por falta de entrenamiento, socialización y liderazgo por parte de su dueño, ladra desesperado y se lanza a morderle la cara al perro grande.
A lo que se tiene que controlar es a la gente; y definir con mucho cuidado lo que se considera un perro peligroso. El perro sólo es agresivo si se le entrena para ello; Cualquier perro manejado inapropiadamente puede atacar y morder, incluso los tan de moda chihuahueños, poodles y schnauzers.

No quiero que se me penalice por tener un perro grande; si la gente tiene miedo a mi perro, que es completamente manso e inofensivo, imagínense el terror que deberían tener a automovilistas y microbuseros que muchas veces llevan la malicia en la sangre.

Dense una vuelta por la expo-can y verán a perros “peligrosos” como rottweilers, mastines y pastores, siendo manejados dócilmente por niños de 8 o 10 años; similarmente vean schnauzers, poodles y malteses falderos creando un jaleo mientras sus dueños no saben qué hacer. Lo que se necesita es conciencia y manejo adecuado del animal, no restringir artificialmente su posesión por medio de leyes que, como todos sabemos, no sirven para nada.

Y recordemos que hasta el perro más sucio y humilde es más noble que el habitante promedio de la ciudad.

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